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Guancho
04/01/2013, 19:19
Relojería y Poder, por Serge Panczuk para la edición española de The Watches Magazine.


Después de varios meses de debates y controversias, los franceses han elegido recientemente un nuevo presidente. Más allá de su programa electoral, el candidato había basado su campaña en el rechazo de un estilo de poder que, en parte, le ha conducido a la victoria. En esta dimensión, el mundo de la política interfiere con el de la relojería. De hecho, durante su quinquenio, el antiguo jefe del Estado ha irritado a muchos de sus conciudadanos con una actitud demasiado exhibicionista, calificada rápidamente de "bling-bling". Una parte de los reproches giraban alrededor de la marca Rolex - icono de la relojería suiza -, por la cual el presidente, como aficionado a los buenos guardatiempos, había mostrado una cierta predilección. Probablemente, los resultados de la elecciones serán del agrado de Rolex. Y esto no tiene nada que ver con el partidismo.

¿Por qué? Porque nunca hasta entonces un producto había alcanzado tamaña dimensión política sin quererlo. Vilipendiados en la prensa, abucheados en los encuentros, caricaturizados por los humoristas, los relojes de la corona- un mal presagio en un país que guillotinó a un rey - han sufrido muchos agravios desde 2007. El "Rolex presidencial" se ha convertido en el emblema de un estilo cada vez más desacreditado. Ha cargado sobre sus espaldas con el simbolismo de los años de la "pasta", los excesos de las finazas internacionales y del poder. ¡Casi nada! Para muchos, el relojero suizo merecía su suerte que, de forma indirecta, no era más que una cruel venganza contra unas "élites" tan desconectadas de la vida real como cercanas a un poder que se codea con el mundo financiero. Por otra parte, Rolex ni siquiera ha podido contar con el apoyo de sus admiradores. Y aun peor, las desafortunadas palabras de un famoso publicitario, que declaró que si alguien no poseía un Rolex a los 50 años, había fracasado en su vida, hundieron definitivamente su imagen. Cinco años después y una vez que los ánimos se han apaciguado, nos preguntamos si la relojería de prestigio es realmente tan detestable. Para esto, cambiemos la perspectiva y dejemos de lado por unos instantes el ámbito de lo políticamente correcto. La asociación entre Rolex y males como la globalización, financiarización de la economía o desindustrialización, va a relativizarse pronto, porque no es en absoluto evidente. En ocasiones, algunas simplificaciones demasiado fáciles se transforman en errores de apreciación, que en nuestro caso es relativamente importante. Y esto se debe a tres razones.

La primera es muy simple: con independencia de su vocación, una empresa está fundamentalmente constituida por las mujeres y los hombres que trabajan en ella. En el caso de Rolex, hablamos de varios millares de empleados, que no son multimillonarios, políticos, estrellas de los medios o deportistas de alto nivel. ¡Al ridiculizar un nombre, los anti-Rolex se han aventurado a ofender a unos trabajadores que están orgullosos de la marca que los emplea!
La segunda tiene también un gran peso: en una época de valorizacíón del "made in Europe", Rolex - al igual que muchas otras marcas del sector - puede servir de ejemplo. Los partidarios de la reindustrialización podrían incluso tomar como referencia el modelo de producción representado por los grandes de la relojería. De hecho, Rolex está muy vinculado a sus raices históricas, anclado en cuencas de empleo locales, cerca de sus proveedores y se basa en la excelencia tecnológica.
La tercera razón tiene que ver con el modelo de gobernanza de Rolex, que no es una organización como las demás, sino un S.A. ( Sociedad Anónima) que pertenece a una fundación. Esta forma juridica tan particular la protege contra cualquier veleidad de venta o cesión. En este caso, estamos muy lejos de los clichés de la multinacional despiadada, estimulada por los resultados de Wall Street, ya que Rolex posee un estatus muy distinto del que preconizan los teóricos liberales y economistas de la desregulación.

Nuestra lista de confusiones podría engrosarse con otros ejemplos, relacionados con la economía sostenible o el apoyo a la educación o a los jóvenes talentos. Pero hemos de aclarar que nuestro propósito no es glorificar a Rolex. Solo queremos mostrar que entre una "rolexpatía" exagerada y una"rolexfilia" reverente, existe una alternativa.

Esperamos que esta distanciación sirva para poner los puntos sobre las íes. Porque el ejemplo de Rolex no es único. La imagen "bling-bling" que se ha adjudicado a los relojes Rolex no sólo es errónea sino también un fenómeno pasajero. Para ratificarnos en esta idea, dirijamos la vista a algunos cronistas o humoristas que están en el origen de esa situación. Acérquese a la pantalla del televisor. Observe bien de cerca a algunos de ellos. Debajo de su camisa con un corte perfecto...Sí, ¡Ahí están! Discretos pero visibles. Y claramente reconocibles. Los relojes Rolex sigen siendo una referencia. A buen entendedor...!

Alvaro
05/01/2013, 09:51
Y lo más importante y que hace que lo que piensen los demás me la sople, es la maravillosa sensación de llevar un Rolex viejete en la muñeca.


Enviado desde mi tam-tam