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Tema: El más tonto no hace relojes

  1. #1
    LIQUID CRYSTAL DISPLAY Avatar de lumber
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    El más tonto no hace relojes

    Me gustaría compartir con vosotros esta historia de un blogero llamado titobeno.

    Podeis saber más sobre él en : www.titobeno.blogspot.com
    El más tonto no hace relojes:


    Una de mis pasiones menos publicitada (al menos en este blog aunque también en general) es mi debilidad por los relojes. No es algo que suela decir aunque los más observadores que están a mí alrededor suelen darse cuenta al verme cada día un reloj diferente.

    Los aficionados a los relojes son (somos?) gente curiosa. En realidad tienen esa pasión propia de los aficionados a cualquier cosa (trenes, barcos, coches, sellos, monedas, muñecas…) que es difícil explicar para quien no comparta dicha afición. A mí la afición me viene desde siempre. Desde que tengo uso de razón me han fascinado los relojes. Primero, como en casi todo, me intrigó su funcionamiento, después me atrajo su estética y después fue la estética de la función.

    Eso de la “estética de la función” fue algo que me dijo alguien una vez y que yo he adoptado como propio y es algo muy particular de los aficionados a los relojes. En los coches por ejemplo, hay a quien le gusta la estética y hay quien prefiere la mecánica o hay a quien le gustan las dos cosas pero suelen diferenciarse claramente.

    Los amantes de los relojes (al menos un gran grupo de ellos) se mueven por pura estética pero referida tanto al exterior como al interior. Para un aficionado, tanto o más bonito le parece el mecanismo del reloj como el exterior. Tal vez por eso, la mayoría de los grandes aficionados suelen despreciar los relojes con maquinaria de cuarzo. “Un reloj sólo es un reloj si es mecánico” dice un amigo mío. Es una frase muy habitual en estos ambientes.

    Una cosa curiosa de esta aseveración es el hecho normalmente poco conocido de que cualquier reloj de cuarzo barato es mucho más preciso que las obras de artes carísimas de calibres mecánicos de remonte manual o automático. Hablando en plata, el reloj rosa que te regalan con la barbie es, probablemente, más preciso que la mejor de las realizaciones de Rolex, Vacheron Constantine o Jaeger-Lecoultre.

    Por eso yo hablo de la estética de la función. En realidad, lo que nos encanta a los que nos gustan los relojes es apreciar la belleza de un mecanismo funcional más que su rendimiento. De hecho, cualquiera que tenga un mínimo gusto artístico o inquietud en las áreas del diseño o la ingeniería tiene que sentirse fascinado al ver una maquinaria de reloj desarmada en piezas. A veces la gente me dice que los relojes (los buenos) son muy caros. A esa gente me gustaría simplemente que viesen las piezas (con ayuda de una lupa y a veces de un microscopio) y el proceso de montaje y equilibrado de un calibre mecánico. Seguro que después les parecería incluso barato.

    Aunque yo me considero un advenedizo en muchas cuestiones (por ejemplo, en mi colección hay muchos relojes de cuarzo que me compré por pura estética), en cierta forma, me he ido convirtiendo en un miembro de esa extraña hermandad que forman los amantes de la relojería y a través de mi afición he conocido a personas muy interesantes.

    Que nadie confunda a un amante de los relojes como al tipo que se compra un reloj caro “de marca” para fardar. Aunque es una afición muy cara a veces, los verdaderos amantes suelen disfrutar con relojes que para la mayoría de los mortales pasan totalmente inadvertidos (que en muchos casos cuestan una fortuna, pero que nadie reconoce). A mí lo que me admira de esta gente es su capacidad para desarrollar su gusto por la estética hasta alcanzar los más mínimos detalles. Yo, aún no me reconozco como un verdadero aficionado pero poco a poco me voy acercando.

    Aunque tengo fama a veces de ser un poco borde y no hacer caso a la gente, lo cierto es que no es así. Cada vez que veo alguien que realmente puede aportarme valor intento aprender de él. Otra cosa es que sea raro que encuentre alguien del que crea que pueda aportarme dicho valor.

    Hace muchos años me sucedió una de esas extrañas anécdotas que van conformando tu forma de ser. Yo vivía por entonces entre Madrid, Pamplona y Zaragoza por cuestiones profesionales. Tuve que ir a Finlandia unos días. No se si habrá algún finlandés entre mis lectores pero espero que no se ofenda si le digo que es uno de los países más aburridos del mundo entero. Una mañana de sábado como no sabía que hacer me fui a dar un paseo por la pequeña ciudad en la que estaba y me encontré una especie de rastro. Ante mi sorpresa, había multitud de puestos de relojes antiguos. Compré unos cuantos (la mayoría sin mucho valor). Cuando estaba en la habitación me dio por mirarlos y encontré un reloj de bolsillo de diseño bastante habitual pero con un mecanismo realmente raro y bello a la vez.

    El reloj no funcionaba y aunque por aquel entonces no era un experto (ahora tampoco, aunque sé un poco más) rápidamente vi que una pieza estaba rota. El reloj estuvo unos meses en mi casa hasta que la casualidad quiso que me encontrara cerca de mi casa de Zaragoza un relojero de los de toda la vida. Se trataba de un señor mayor en un minúsculo local con puerta a la calle en una calle estrecha y perdida. De hecho simplemente lo descubrí porque estaba al lado de un “Sabeco”. Decidí llevarle el reloj de bolsillo y ya desde el primer momento me sorprendió la reacción de este señor.

    Al ver el reloj se le iluminó la cara. Le pregunté si se trataba de algún reloj conocido y me dijo que no tenía ni idea pero que era precioso. Era justamente lo que yo pensé cuando lo vi. Se lo quedó y a la siguiente visita me dio el diagnóstico. Había que limpiarlo y engrasarlo, había que revisar el espiral y sustituir varios tornillos. Todo eso era simple pero había un problema. Se había roto una pieza fundamental en un reloj mecánico: el áncora. Además, se trataba de una pieza muy rara. El hombre abrió delante de mí una especie de caja de herramientas y yo me quede muy sorprendido. Tenía en cada compartimiento cientos (miles seguramente) de piezas de cada tipo –fruto de una vida guardando piezas, me dijo-. Me enseñó las dos piezas rotas del áncora original y después el compartimiento donde guardaba las demás. Ninguna era similar.

    Quedamos en que se quedaría el reloj, iría haciendo las reparaciones más sencillas y consultaría con algún colega a ver si sabía algo de aquel reloj. Pasaron días y a costa de pasar cada vez que iba a la compra terminé cogiendo confianza con el señor. Siempre me han gustado los artesanos y este, además, era uno de eso extraños casos en que, además, es un enamorado de su trabajo. Aprendí algunas cosas curiosas sobre los relojes y poco a poco, la compra semanal del Sabeco se convirtió casi en una excusa para ir a visitar la relojería.

    Durante este tiempo, me iba poniendo al día sobre los progresos con la pieza del reloj que, la verdad, no eran demasiados. El reloj parecía ya nuevo. Restauró la esfera cerámica, pulió y bañó en plata la caja, desmontó totalmente el mecanismo, lo limpió y engrasó pero el ancora seguía sin estar listo. Sus consultas con sus colegas fueron infructuosas. Escribió (a mano, y con sellos… que eso del mail era “muy raro”) a colegas en distintas ciudades de España y de Europa y ninguno le supo decir que modelo de reloj era ni como conseguir la pieza.

    Desestimada la posibilidad de encontrar la pieza me propuso intentar fabricarla. Yo ya hacía tiempo que le dije que podía hacer lo que quisiese. De hecho, hace mucho que el reloj hay no era una cuestión mía sino suya. Lo primero que hizo fue intentar soldar la pieza pero era imposible y además había perdido las paletas de rubí, después intentó modificar un áncora que ya tenía pero no funcionó. Luego se propuso adaptar un ancora de las que tenía modificando la rueda de escape (la pieza sobre la que bate el áncora) pero tampoco funcionó.

    Un día le dije que lo dejara pero me miró con cara de decepción. Me vino a decir que no me cobraría nada, pero la cuestión se había convertido en una especie de reto. Una de las últimas cosas que intentó fue hacer un molde del áncora original para fabricarla. A mí me parecía una locura pero él lo intentó e incluso funcionó pero era imposible calibrarlo y perdía varios minutos al día.

    Un día, cuando yo pensaba que ya no habría solución, me llamó por teléfono al trabajo. Había solucionado el problema. Cuando llegué me contó que una de las consultas que había hecho dio resultado. Alguien había identificado el reloj. Se trataba de una manufactura rusa de los años setenta (yo pensaba que lo mismo tenía una antigüedad valiosísima de finales del diecinueve). Para redondear el éxito, ni siquiera había que pedir la pieza porque el mismo que lo había identificado tenía una maquina para piezas con el áncora perfecta.

    Una semana más tarde, tenía el reloj perfecto (con su perdida de tres minutos por días por supuesto). Insistí mucho en pagarle y mi amigo relojero hizo cuentas… restauración de esfera, pulido en plata, limpieza, engrasado, tornillos azul cobalto, sustitución del áncora…… total… tres mil quinientas. Yo me quede mirándolo muy fijo. ¿te parece mucho?, mira que ya te he dicho que te lo regalo. Yo estaba patidifuso pensando en el trabajo que tenía aquello y “la mierda” que cobraba.

    Al día siguiente de recoger mi reloj, fui a verlo con el reloj y el lo miró con cierta satisfacción. En una de estas a mí me dió por decir algo que, inmediatamente pensé que sería algo inconveniente. Le dije: “la pena es que al final hayamos tenido que tirar de una pieza porque a mí lo que de verdad me hubiese gustado es que alguna de tus soluciones hubiese funcionado”. Él me miró sonriendo y me dijo algo que se me quedó grabado: “Bueno, este reloj me ha aportado mucho, después de tantos años, aún he descubierto muchas formas de cómo no hacer una cosa”.

    La última vez que vi a mi amigo relojero fue cuando dejé mi piso en Zaragoza. Nos despedimos con un abrazo, él me regaló una pequeña navaja para abrir tapas de reloj que alguna vez le dije que me hacía falta y yo, cuando me iba le dejé una caja encima de la mesa de trabajo.

    - “Eh… que se te olvida esto”.
    - No, en realidad es tuyo. Ya nos veremos.

    Me quedé con las ganas de ver su cara al desenvolver el reloj.

    Hace un par de días, iba yo con uno de mis socios y se iba quejando de lo mal que habíamos hecho una cosa. En un proyecto habíamos optado por una solución que no funcionó, después modificamos el diseño de la solución pero tampoco funcionó. Más tarde intentamos arreglarlo cambiando algo y tampoco funcionó. Al final tuvimos que cambiar todo y comenzar de nuevo. Esta vez parece que si ha funcionado. Yo iba pensando y sonriendo.

    - De que te ríes?. Hemos perdido dinero con este proyecto. Tantas horas de trabajo para la mierda que hemos cobrado.
    - Estoy pensando que al fin y al cabo no hemos perdido tanto, y hemos ganado bastante. Ya sabemos varias formas de cómo no hacerlo.
    - Joe tio… pues vaya mierda de consuelo.
    - Una cosa, el Rolex que siempre llevas… tu sabes como funciona por dentro?
    - Ni idea, yo sólo se que me da la hora.
    - Ya.. lo suponía

  2. #2
    Angelus 215
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    Una bonita historia,gracias por contarla.
    No digas de ningún sentimiento que es pequeño o indigno.No vivimos de otra cosa que de nuestros pobres,hermosos y magníficos sentimientos,y cada uno de ellos contra el que cometemos una injusticia es una estrella que apagamos.
    Hermann Hesse

  3. #3
    LIQUID CRYSTAL DISPLAY Avatar de lumber
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    creo que merece la pena gastar un ratito leyendo esta historia.
    un consejo, pocos y buenos.

  4. #4
    Venus 175 Avatar de zampetti
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    Cita Iniciado por lumber Ver mensaje
    creo que merece la pena gastar un ratito leyendo esta historia.
    Se me ha hecho corta. Gracias por compartirla.
    "Don't ask me to move a mountain, don't ask me to swim the sea,
    ask me for the love I have and I'll give it all to you" .....The Chocolate Watch Band

  5. #5
    Minerva 13-20CH Avatar de santosanto
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    Bonita historia. Debe tener su tiempo ya que habla en pesetas
    http://www.relojesparatodos.com/vb/image.php?
type=sigpic&userid=64&dateline=1301183064

  6. #6
    Universal Geneve 281 Avatar de Turboman
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    Me he emocionado y todo al leer la historia.
    Lumber tienes mucha clase.

  7. #7
    Excelsior Park 40
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    Tienes toda la razón, hay gente que basa el exito o fracaso de un asunto en resolverlo a la primera, cuando en realidad el exito es tener en la cabeza varias formas de hacerlo e ir descartando opciones.
    Hay que arreglarse, es lo que hay

  8. #8
    Moderador Avatar de cybermendi
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    Gracias Alberto
    nº 4 nº 4

  9. #9
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    esas són personas de las que no quedan.

  10. #10
    Venus 175 Avatar de AFA
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    Guapa historia, ya queda muy poca gente así

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